viernes, 13 de octubre de 2017

El club de los mentirosos, Mary Karr

Seamos sinceros, aunque Mary Karr en el Prólogo de esta obra diga que su familia no es ni mucho menos un caso único o especial , y que a raíz de la publicación de "El club de los mentirosos" en 1995, miles de personas se animaron a contarle sus propias historias, tan o más peculiares que la suya, lo que resulta innegable después de haber leído estas memorias que Periférica y errata naturae publican ahora traducidas al español,  es que la infancia y adolescencia de esta escritora norteamericana fue de todo menos fácil y aunque, ciertamente todos tenemos trapos sucios que lavar en casa, los suyos desbordarían la capacidad de cualquier lavadora convencional.

Porque si algo no es esta familia Karr, protagonista de "El club de los mentirosos" es convencional. El padre, Pete, bebe y aprovecha la menor ocasión para ausentarse del hogar y alejarse de su familia. La madre, Charlie, bebe aun más que su marido y pierde a menudo el control que sus hijas, Lecia y Mary se ven obligadas a tomar pese a su corta edad. Junto a sus padres, una abuela autoritaria, amigos del cabeza de familia, vecinos y una pandilla de compañeros de correrías transcurre la infancia de Mary Karr y su hermana, que van creciendo y madurando a marchas forzadas en este universo cerrado y determinante que les ofrece el pueblo petrolero perdido en Texas en el que viven. 

Como lectores asistimos a un despliegue de acontecimientos tan variopinto como impactante. Resulta imposible despegarse de la lectura porque la narración es simplemente arrolladora y el interés por lo que se nos cuenta ya no radica solo en las sorprendentes andanzas de esta peculiar familia, sino en la manera como se narra la historia.

Disculpad la comparación que nos sugiere la lectura de "El club de los mentirosos", pero nos parece que su autora vomita. Y no lo decimos porque el texto sea malo, ni mucho menos, lo decimos porque sale de lo más profundo de su autora, de las entrañas, un ejercicio exorcizante que sana y limpia al poder volcar en el papel todo lo que lleva dentro, un cúmulo de ácidos y desagradables recuerdos que, como un vómito, salen expulsados de manera imparable. Un auténtico ejercicio de sanación mental, de limpieza a fondo de experiencias pasadas que Karr quiere hacer públicas posiblemente para superar de manera definitiva el pasado y asumir mejor el presente. Eso sí, reavivando también los buenos recuerdos que, aunque a simple vista parezcan escasos, también los hay.

En el título de la obra se hace alusión a la mentira. En concreto, el club de los mentirosos, es el nombre con el que Mary alude al grupo formado por su padre y sus amigos con los que se reúne a menudo para beber y contar historias, las que cuenta él, normalmente, mentiras, pero unas mentiras que la pequeña Mary que asiste, de manera privilegiada a estas reuniones, escucha fascinada. Posiblemente, sin ser consciente de ello, a través de la voz de Pete, su hija estará aprendiendo a fabular, a convertir, en un futuro, la realidad en literatura. Pero la mentira no sólo campa a sus aires en este club masculino, también hay mentiras dentro de la misma familia Karr y entre sus antepasados. Hay mentiras y secretos, y verdades a medias, así que ¿quién nos asegura que lo que nos está contando la propia escritora en este libro no es también una mentira? Sabemos que Karr presentó su obra, al publicarse, como unas memorias pero lo cierto es que aunque dudáramos de la veracidad de lo que nos cuenta, el estilo es tan vehemente, tan auténtico que si lo que nos narra es verdad o no casi es lo de menos.

En palabras de la propia autora, con esta obra pretendía "conectar al lector a un enchufe y poner en marcha esa máquina psicológica y personal que le proporciona una vida con más sentimiento." Os garantizamos que lo consigue, vaya que sí.







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