miércoles, 21 de junio de 2017

Querida niña, Edith Olivier

"Siempre le resultó difícil dar forma a sus pensamientos, que por lo general se deslizaban indefinidos por el fondo de su mente, sin esperar nunca que los vistieran con palabras. En ese momento, sentada en medio del difuso discurrir de sus meditaciones, Agatha se fue dando cuenta de que ya en otra ocasión había tenido aquella misma sensación de soledad. Su vida, en la que parecía no haber habido nunca nada, ya había estado, sin embargo, vacía como hoy, y vacía de compañía. En silencio buscó en el pasado.
Entonces, un nombre atravesó su conciencia, como algo que de repente cobrara vida: ¡Clarissa!
Sí, era Clarissa, olvidada durante muchos años, y que ahora volvía a su mente no como el recuerdo de una posesión, sino de una pérdida.
Había ocurrido mucho tiempo atrás, y no había sido más que una fantasía infantil"


En la contraportada de "Querida niña" de Edith Olivier, publicada por Editorial Periférica, se define a esta obra como "una novela de 1927 en parte cuento de hadas oscuro y en parte novela psicológica." Y ciertamente, no es ni más ni menos, esto.

"Querida niña" se desarrolla como un cuento o fábula en la que la protagonista, Agatha, una mujer solitaria de 32 años, que acaba de perder a su madre, revive en su mente a Clarissa, su amiga imaginaria de la infancia, a fin de encontrar consuelo y compañía en su soledad, pero lo que en un principio es un juego íntimo y personal acabará convirtiéndose en realidad, y Clarissa tomará forma y cuerpo ante los ojos de todos.
A partir de esta creación imaginaria hecha realidad, empieza a narrarse una especie de fábula sobre la soledad, la necesidad de afecto y compañía, la incapacidad de comunicar y empatizar socialmente, la dificultad por expresar sentimientos, la proyección de ideales y deseos propios en otra persona, la protección llevada al celo extremo, la posesión enfermiza de aquellos a los que amamos.

Es además una fábula sobre la fidelidad, la gratitud, la dependencia, el sentido de la amistad y el amor. Una fábula entorno a los sueños y a lo ideal que de tan perfecto resulta huidizo y fácil de perder.

Una bella historia que se lee como un plácido e incluso aparentemente ingenuo cuento, pero que encierra un profundo y dramático contenido emocional, presentado con un cierto aire de misterio y un sorprendente y ambiguo desenlace.




Fotografía de Boulevard literario  


lunes, 5 de junio de 2017

Regreso a Berlin, Verna B. Carleton

"El exiliado, a su regreso, contempla la tierra que se extiende ante él con ojos agudos y críticos; y con igual claridad observa el mundo exterior y los frágiles puentes de comprensión fabricados por el hombre que siempre andan construyéndose entre ambos, sólo para quedar arrasados al menor desastre. Suspendido en el aire, contemplando ambos mundos con esa perspectiva "universal" que tanto sufrimiento le ha costado, el exiliado sabe que ha abandonado para siempre una fe reconfortante, aunque rígida, en las virtudes de su propio grupo social nativo para sustituirla por una conciencia vasta y trágica de la semejanza de todos los humanos en medio del sufrimiento y la angustia. Así pues, ¿a qué tierra pertenece este exiliado tras su regreso? A ninguna, y, sin embargo, a todas."
Regreso a Berlín, Verna B. Carleton, errata naturae y editorial periférica

"Regreso a Berlín" nos presenta a un personaje, Eric Devon, que se exilió siendo adolescente de la Alemania en guerra y se refugió en Londres donde llega a integrarse como un perfecto ciudadano británico más en la capital inglesa, renegando y ocultando su pasado y orígenes germánicos.
Pero un crucero de placer lo pondrá en contacto con una serie de viajeros entre los que se encuentra un alemán, Herr Guber, cuyos desafortunados comentarios provocarán un cataclismo en el precario equilibrio interior de Eric y propiciarán un viaje a Berlín para reencontrarse y enfrentarse a ese pasado del que ha permanecido ajeno durante tantos años.
En su vuelta a casa lo acompañarán, su paciente esposa Nora y una periodista norteamericana, amiga de la pareja gracias también al crucero, que será la narradora de la historia y que es un claro alter ego de la autora de esta novela, Verna B. Carleton, pues ella misma decidió escribirla a raíz del viaje que hizo a Alemania junto a su amiga fotógrafa Gisèle Freund que había huido del régimen nazi en los años 30.

Así pues, esta novela nos habla acerca de lo que supuso el nazismo en Alemania y por extensión, en el resto de Europa y sus terribles consecuencias, y nos hablará a través de un variado elenco de personajes relacionados con el protagonista ya sea por lazos familiares o fraternales, cada uno de los cuales cuenta su experiencia, su drama personal y los mecanismos de superación para sobrevivir a las extremas condiciones de la guerra y la posguerra.

Eric, como exiliado que se ha mantenido voluntariamente ajeno a todo lo que hacía referencia a su país de origen y a sus compatriotas, aprenderá a ver y juzgar a la Historia a través de los ojos y el testimonio de todas esas personas que supieron encontrar el camino y la manera de seguir adelante, (como explica también Viktor Frankl en ese bello e imprescindible clásico "El hombre en busca de sentido" que ha estado permanentemente en nuestra memoria mientras leíamos "Regreso a Berlín")

Al respecto, resulta interesantísimo, emotivo y tremendamente conmovedor, ir escuchando las distintas voces, los diferentes puntos de vista, sentimientos y reflexiones de cada uno de los personajes cuya suma va componiendo un múltiple caleidoscopio que va mostrando una misma realidad entendida, vivida, sufrida y superada de las más distintas maneras.

La fiel anciana Else, el inquebrantable Franz, la sufrida Käthe...y especialmente, la decidida e íntegra tía Rosie, entre muchos otros, encarnan a miles, millones de víctimas y supervivientes del terror nazi y su testimonio será recogido por Eric, el exiliado, el que ha permanecido lejos y por fin se da cuenta que para redimir su huida, consolar a su atormentada conciencia y poder seguir con coherencia e integridad la vida que le queda por vivir, solo puede hacer una cosa: recuperar y perpetuar la memoria histórica, a fin de que las futuras generaciones no olviden los errores del pasado y no se repitan jamás...

" Un tema de lo más impopular, sin duda. Pero ¿qué más puedo escribir? Nadie conoce mejor que yo la tragedia de un ser que reprime su pasado. Cuánta tragedia y devastación se le añade a eso si es una nación entera la que imagina que puede luchar por recuperar la normalidad tras un periodo de locura colectiva cometiendo ese mismo error: apartando todo pensamiento de lo acontecido e intentando olvidar, olvidar. Lo que tengo que decir lo oirán quizá oídos reticentes y cansados. Pero mi conciencia (me imagino la sonrisita desdeñosa de Albrecht), mi absurdamente "poco realista" conciencia no me dará ni un momento de paz hasta que diga lo que hay que decir. Ahora que soy alemán de nuevo, lo mínimo es hacer todo lo posible, dentro de mis escasas posibilidades, para recordarle a la gente la necesidad de entender su pasado, de asimilarlo y de usar la lección para evitar un futuro aun más horrible."




Fotografía del Boulevard literario