lunes, 11 de septiembre de 2017

La composición de la sal, Magela Baudoin

Hace unos días tuve ocasión de ver y escuchar por televisión una entrevista al magistral escritor italiano Erri de Luca en la que dijo: "Las historias son un resto de la vida. Por eso mantienen ese formato de residuo. Las sobras, un resto. Yo las imagino como si llegara el agua del mar y llenara un pozo en medio de los escollos y luego este agua se evapora y queda la sal. Esa sal es el relato, la historia. Mi escritura. Ese resto de vida evaporada. Por eso es tan denso, porque es un poso."

Ha sido inevitable recordar y reflexionar sobre estas palabras a raíz de la lectura de los 14 relatos que conforman "La composición de la sal" de Magela Baudoin, publicada por Navona Editorial y que llega con dos cartas de presentación de lo más potente: la concesión del Premio García Márquez de Cuento 2015, y un prólogo del gran Alberto Manguel.

Y ha sido inevitable recordar la entrevista a Erri de Luca, no tan solo por la obvia referencia a la sal, sino por la concepción misma de la idea sobre la creación literaria del relato, ese poso que queda cuando se evapora la vida, ese recuerdo concentrado e imborrable que resiste cuando todo ha terminado y cuya huella genera la construcción del cuento, ni más ni menos, el resto de vida evaporada hecho escritura.

En este sentido, en el de la permanencia a través del tiempo, de la voluntad de recrear y de eternizar los episodios más íntimos o significativos de nuestra memoria, a fin de perpetuarnos de algún modo como seres humanos, más allá del tiempo, destacaríamos de entre todos los que componen este volumen, los relatos de Baudoin que, autobiográficos o no, parecen elaborados a partir de sentimientos y emociones provocadas por la evocación de recuerdos o episodios del pasado, especialmente de la infancia. Son esos cuentos protagonizados por ancianos entrañables, nietos ávidos de protección, niñas huérfanas de madre que necesitan el calor familiar, personajes solitarios que sueñan por conocer a su amor platónico, abuelas aparentemente severas que intentan transmitir su amor por la literatura y las palabras...todos esos cuentos que la autora narra desde la más íntima y conmovedora ternura, impactan de lleno en la más recóndita entraña del lector y lo sacuden con suavidad pero firmeza. Son "La noche del estreno", "Un verdadero milagro", "Borrasca", "Un reloj. Una pelota. Un café" y especialmente, esa pequeña joya que da título al libro, "La composición de la sal", un engranaje preciso y delicado en el que trama, estructura, estilo y desenlace funcionan a la perfección. 

Afortunadamente, en estos últimos tiempos, el cuento, como género, está recuperando el prestigio que históricamente la novela le suele arrebatar. Y esto está siendo posible, gracias a la apuesta de algunas editoriales por publicar relatos, por el reconocimiento que supuso el Premio Nobel de Literatura a una de las más destacadas cuentistas contemporáneas como es Alice Munro, así como por la aparición de nuevos escritores y la reedición de los grandes clásicos cultivadores del cuento. Poco a poco, los aficionados al relato estamos de enhorabuena y cada vez vamos siendo más los adeptos a este género.

Magela Baudoin llega ahora a las librerías españolas en un momento en el que se están dando a conocer otras escritoras latinoamericanas de su misma generación que también escriben relatos como por ejemplo Samantha Schweblin, Mariana Enríquez o Vera Giaconi. Todas ellas, con un estilo propio y definido, pero igualmente notable e interesante, que sin duda están colaborando a enriquecer el panorama cuentístico actual. Os recomiendo seguirles la pista y leerlas. Con toda seguridad, empezar conociendo a Baudoin y "La composición de la sal" es sin duda, un buen comienzo. 



jueves, 7 de septiembre de 2017

"Un lugar pagano", Edna O'Brien

Leer a Edna O'Brien es como deslizarse en canoa por el curso de un río largo, caudaloso, en el que se alternan momentos tranquilos y rápidos inesperados, remansos plácidos y torrenteras desbordantes. Así es su estilo y así es su prosa, ligera, persistente, avanzando siempre adelante, una corriente subterránea que vibra bajo nosotros, rebosante de vida, un caleidoscopio de sensaciones plasmadas en una minuciosa y plástica descripción de paisajes y un desfile de personajes alejados de los arquetipos y singularizados más que por sus características físicas, por sus vicios y virtudes. 

Autobiográfica, pero con las debidas licencias poéticas propias de la ficción, "Un lugar pagano", recién publicada por errata naturae, narra la historia de la infancia y adolescencia de una joven nacida y criada en un pueblo irlandés en los años 30-40, cuya familia y entorno rural, marcados por la religión y las costumbres locales, condicionarán su vida y su futuro.

La historia se va construyendo a partir de la conciencia de la autora, de su capacidad evocativa, su potencial para exprimir la memoria y volcar sus recuerdos sobre el papel.

Después de haber leído la dura, conmovedora y reivindicativa "Las sillitas rojas", "Un lugar pagano" (publicada ahora pero anterior cronológicamente), se lee con menos tensión, con más placidez pues, incluso en los pasajes más dramáticos de la historia el tono es más suave e incluso se permite cierta comicidad, o como mínimo, un enfoque irónico no exento de amargura pero que le permite con ese punto de entrañable sentido del humor, afrontar las desgracias de la vida.

En algún momento, me ha venido a la memoria otra espléndida obra autobiográfica, "Sidra con Rosie" de Laurie Lee, publicada por Nórdica libros, en la que también el autor evoca su infancia en un entorno rural parecido al que vivió Edna O'Brien, aunque en el caso de Lee transcurriera en la campiña inglesa. Entornos y paisajes similares pero si bien el tono de "Sidra con Rosie" es más tierno y lírico, en la novela que aquí nos ocupa, la intensidad emocional está dosificada al milímetro para conmover al lector pero evitando caer en sentimentalismos.

Posiblemente O'Brien no solo pretenda recuperar los mejores recuerdos de su adolescencia, sino todo aquello que de un modo u otro, la marcó y la hizo madurar y convertirse en la mujer que llegó a ser, venciendo las ataduras e imposiciones propias de su familia y entorno.

El sexo como tabú, la religión marcando implacables normas morales y de comportamiento, los roles masculino y femenino firmemente diferenciados y representados por sus padres: un padre bebedor y algo violento, autoritario y amenazador; una madre severa y distante con sus hijas; una hermana mayor, Emma, que huye a la gran ciudad para buscarse la vida tras un embarazo no deseado y un hijo entregado en adopción; vecinos chismosos, curas seductores, una naturaleza que estalla por todas partes y embriaga los sentidos, los prados infinitos, el clima, la lluvia, los olores del campo y del ganado, las rutinas del día a día...todo ello forma parte del mundo de la protagonista hasta que un desagradable incidente será el detonante para decidir marchar del pueblo y convertirse en monja misionera. ¿Se ha despertado una repentina vocación en ella o necesita huir de todo y de todos para comenzar una nueva vida?...

No hay duda que, como dijo Emily Dickinson, "No hay mejor nave para viajar que un libro", y "Un lugar pagano" es un viaje inolvidable en el tiempo y el espacio que nos traslada a la Irlanda rural más profunda, en la que resuenan los avances de la Segunda Guerra Mundial y en cuyos verdes parajes, las gentes sencillas trabajan, viven, aman, odian y mueren, ignorando que una tímida pero despierta muchachita pelirroja inmortalizará con su talento, su propia historia y la de todos ellos en "Un lugar pagano", o lo que sería lo mismo, en una gran novela.



Fotografía de Boulevard literario 



viernes, 7 de julio de 2017

Basti, Intizar Husain

El 16 de diciembre de 1971, el ejército indio entró en la ciudad de Daca poniendo fin a una larga guerra con Pakistán y declarándose la independencia de Bangladesh.
En este turbulento y trágico contexto, previamente marcado por los disturbios, manifestaciones y enfrentamientos entre partidarios y contrarios de ambos países, se sitúa la acción de "Basti" del escritor paquistaní Intizar Husain, uno de los autores contemporáneos más importantes en su país y prácticamente desconocido en el nuestro, que nos llega ahora traducido al español gracias a Armaenia Editorial.

Zakir, el protagonista, es un profesor universitario que ante el inminente estallido de la guerra, recuerda su infancia y adolescencia de manera que la crónica en tiempo real de los acontecimientos histórico-políticos que amenazan la paz en Pakistán, se entremezclan con evocaciones cargadas de poesía, de mística y religión, impregnadas de melancolía y nostalgia por los tiempos pasados y por las ciudades, personas, paisajes y vivencias que quedaron atrás.

Es ésta una historia de huidas, pérdidas y regresos, una historia de búsqueda de un lugar en el que vivir en paz y en el que tengan cabida todos los seres humanos, sin distinciones por su origen, religión o etnia, así que más que una historia se diría que "Basti" es un sueño, una utopía ideal enmarcada en una época concreta pero aun con plena vigencia en nuestros días.

Zakir pasa su infancia en Rupnagar para más tarde trasladarse a Vyaspur, enclaves imaginarios creados por el autor en los que se describe los años más tranquilos y felices del protagonista, los cuales van siendo evocados de manera constante a lo largo de la novela a través de una curiosa y sugerente combinación de recuerdos reales e imágenes oníricas fruto de sus sueños.
Más tarde, un joven Zakir llega a Pakistán donde estudiará y se convertirá en profesor universitario, sufriendo muy de cerca los avatares de la guerra con la India.

Husain utiliza su crónica para recrear hechos históricos reales pero también para reflexionar entorno a la fuerza de los lazos familiares, el peso de la tradición y la asimilación de las innovaciones y cambios que comporta el progreso, analizando las distintas maneras con las que nos enfrentamos, según nuestra edad o creencias políticas o religiosas, a unos mismos acontecimientos portadores de ruptura y cambio.
La novela es también una reflexión acerca del fenómeno de la emigración, esa marcha forzada a la que muchos se ven obligados a emprender persiguiendo mejores condiciones de vida, huyendo de la pobreza o de la guerra. Husain plantea los sentimientos que se despiertan en el emigrante, desde la ilusión y la esperanza por un futuro mejor, al desconcierto, el desarraigo o la melancolía por la tierra abandonada y la incapacidad de reconocer como propio, el nuevo destino de llegada.

Esta crónica histórica, en la que hábilmente se entrelazan realidad y ficción, está fuertemente impregnada de elementos religiosos, mitológicos, reales o folklóricos, de la cultura india y musulmana, una mezcla que puede desconcertar o confundir en un principio al lector pero que una vez situado éste, le da una dimensión más profunda y sugerente al texto en el que irán fluyendo imágenes evocadoras vinculadas al paisaje y a las leyendas que resaltan el íntimo e intenso vínculo del hombre con la Naturaleza y su propia cultura.

"Basti" es también un canto a la familia, a la amistad y al amor, pero ante todo, es una llamada y toque de atención a todos y cada uno de nosotros para recordarnos y despertar eso que late en lo más profundo de nuestro ser, seamos quienes seamos, y que se llama Humanidad.




Fotografía de Boulevard literario


domingo, 2 de julio de 2017

Agua salada, Charles Simmons

Ya antes de abrir el libro, simplemente leyendo el título y mirando/admirando la fotografía de la portada, nos ponemos en situación. Verano, mar, aguas cristalinas que invitan a nadar y a salir en barco, brisa marina, ese inconfundible olor a sal que lo impregna todo y que embriaga los sentidos, sol, aventura, espacios abiertos y libertad sin límites.
La lectura promete y casi que nos ponemos el bañador para zambullirnos en el texto, cuando al empezar a leer, ésta es la primera frase: "En el verano de 1963 yo me enamoré y mi padre se ahogó". Quizá no será esa refrescante y lúdica lectura veraniega que creíamos, pero la frase nos atrapa y nos hace avanzar con tiento a través de las páginas de esta novela que se irá convirtiendo en una maravillosa travesía en la que acompañaremos a un muchacho adolescente que descubre por primera vez el amor y entra en el mundo de los adultos empujado por una serie de acontecimientos cuyo desenlace, aunque anunciado desde la primera línea, no resultará menos interesante y sorprendente.

Con un estilo sencillo, sin artificios ni florituras innecesarias, Charles Simmons desarrolla en "Agua salada", publicada por errata naturae, la historia de un primer amor, revisionando la novela de Turguénev que se titula precisamente así, "Primer amor", pero poniéndola al día, 100 años después, situando la acción en una península norteamericana llamada Bone Point y desplegando una serie de personajes a través de los cuales, el narrador y a la vez, protagonista principal de la historia, rememora unos episodios de su adolescencia marcados por el descubrimiento del amor y poco tiempo después, la pérdida del mismo, así como la pérdida física de su padre.

Por la sencillez, franqueza y profundidad con la que Simmons se expresa, todo hace pensar que mucho debe haber de autobiográfico en esta obra pues Michael, el muchacho adolescente que desde la madurez nos narra la historia está tan afinadamente definido y el autor controla y muestra tan certeramente cada uno de sus gestos y emociones que solo puede ser fruto de la propia experiencia.

Michael se enamora de Zina, una joven resuelta y decidida que nos evoca con sus gestos y proceder a las nínfulas a las que se refiere constantemente Nabokov en su famosa novela "Lolita". La tensión entre ambos jóvenes, ingenuo y sin dobleces Michael y seductora y apasionada Zina, irá creciendo al compás de ese paisaje marino que los envuelve.

La trama avanzará al ritmo del oleaje, más breve, más profundo, más suave o más intenso según las corrientes que se desencadenan en el océano, según las tensiones que van creciendo y relacionando a los distintos personajes que arropan y secundan a la joven pareja. La presencia física del paisaje es constante en la novela y parece influir de manera más o menos directa y evidente en el comportamiento de los protagonistas y en su actitud frente a las decisiones que toman y a los actos que realizan.

Simmons despliega su visión de lo que supone el amor desde la inexperiencia y la inocencia de un adolescente pero también nos habla a través de los demás personajes: los padres de Michael, la madre de Zina, los jóvenes amigos de Misha, Melissa o Hillyer; Henry, el galerista...A través de todos ellos, se nos plantean muchas y distintas maneras de entender y vivir la pasión amorosa, ya sea desde la seducción innata del atractivo padre de Michael, de la actitud sumisa y tradicional de su esposa, de la despreocupada y liberal Sra. Merzt, de la ingenua y poética actitud de Melissa, de la primaria espontaneidad de Hillyer, o desde la pasión homosexual de Henry...Si leemos con atención la novela, Simmons despliega tal variedad de modos y maneras de entender y vivir el amor que la historia central se ve enriquecida y bien arropada para sostener con eficacia y entender en toda su intensidad, el dramático desenlace anunciado desde el principio.

"Agua salada" es una novela planteada sin excesivas pretensiones, pero precisamente por su modestia desprende una naturalidad tan sincera y auténtica que deviene una pequeña obra maestra a la hora de narrar una historia con eficacia, equilibrada emocionalmente pero desbordante de eso que cada uno entiende a su manera, pero todos llamamos "amor".




jueves, 29 de junio de 2017

Dos escritoras: Una ciudad, una casa y una isla

Natalia Ginzburg y Elsa Morante: ambas fueron mujeres, italianas, vivieron y sufrieron los mismos acontecimientos históricos, fueron contemporáneas en una época marcada por el fascismo que afectó a sus vidas y contra el que manifestaron su más profundo rechazo.
Ambas fueron escritoras, grandes escritoras con estilos muy diferentes pero generados a partir de una misma pasión por la literatura.

Repasamos las fotografías que quedan de ellas. La expresión grave, la mirada profunda, incluso ceñuda de Natalia revelan contención, dureza, introspección y firmeza de carácter. Un cierto pesimismo inevitable por las circunstancias, pero no exento de una intensa humanidad.
Los grandes ojos oscuros de Elsa y su apenas esbozada sonrisa sugieren un carácter seductor, un rico mundo de ensoñaciones y fantasías, pero a la vez un sentido observador y crítico de la vida.
¿Fueron realmente así, tal como nosotros nos imaginamos?... Tal vez, en realidad, sea así como a nosotros nos gustaría que hubieran sido, como las percibimos y las entendemos a través de su escritura.
Quien haya leído a estas dos magníficas escritoras habrá podido comprobar que sus estilos, y quizá podría decirse incluso, que sus actitudes vitales y su concepción de la vida, sus miradas y caracteres, son totalmente distintos.

La prosa de Ginzburg es sobria, sencilla, pero a la vez, contundente y demoledora. No se anda por las ramas, no se recrea en artificios y florituras, reniega de la retórica vacía y el ornamento. Natalia es directa en sus planteamientos, en lo que nos quiere contar y traza un camino recto y llano para darnos a conocer lo que siente y piensa. Determinación pero sensibilidad, sentimiento sin afectación.

El universo Morante es lo opuesto al universo Ginzburg. Elsa se deleita con las palabras, se recrea con el sonido, los colores, los aromas, las emociones, los matices que le brinda el amplio abanico de recursos narrativos puestos a su disposición. Su prosa rezuma sensualidad, sugerencia, plasticidad. Donde en Ginzburg, 2+2 suman directamente 4 , en Morante  las sumas también cuadran pero tras un largo recorrido donde la reflexión y la descripción hasta del más nimio detalle cobran una trascendencia fundamental a la hora de captar todo el sentido del texto.

No se trata de comparar. Las comparaciones suelen resultar odiosas, injustas o imprecisas. Más bien se trata de relacionar a ambas escritoras tras haber leído recientemente "La ciudad y la casa" de Natalia Ginzburg y "La isla de Arturo" de Elsa Morante, ambas publicadas en las cuidadas y bellas ediciones de la Editorial Lumen. Nada que ver, salvo la maestría literaria que se aprecia en ambas obras. Las dos, excelentes muestras para conocer el estilo da cada autora y las dos, igualmente recomendables.

"La ciudad y la casa" de Ginzburg es una novela epistolar sencillamente ambiciosa. ¿Es posible definirla así? No es una paradoja. Es la evidencia de la capacidad de Natalia por construir una historia coral, donde hay más de un protagonista, a través de un intercambio de cartas que se establece de manera múltiple, entre diversos personajes, y en eso difiere de dos clásicos del género epistolar que nos vienen a la memoria: "84 Charing Cross Road" de Helene Hanff y "Paradero desconocido" de Kressman Taylor en las que la correspondencia es entre dos personas. Aquí no, en la novela que nos ocupa, la autora abre el canal de comunicación a toda una serie de emisores y receptores que se escribirán unos a otros, principales y secundarios, misivas largas y breves, más íntimas o más informativas...en un variado despliegue de información que le permitirá a Ginzburg reflejar todo un pequeño cosmos de amigos relacionados entre sí por buenos y malos momentos, alegrías y tristezas, derivadas de unos acontecimientos que crearán entre ellos vínculos afectivos muy especiales. Los personajes se definen por lo que cuentan en sus cartas y el lector va vistiendo el armazón argumental con toda la información que le proporcionan las misivas. El universo de Ginzburg girará entorno a los lazos familiares complejos y a menudo, conflictivos; las desavenencias e incomprensiones que suelen surgir entre padres e hijos, las relaciones sentimentales fallidas, las aventuras eróticas más o menos pasajeras. la búsqueda de la propia identidad. Todos los personajes fluctúan entre la ida y el regreso, la huida, el desconcierto, la insatisfacción vital, la duda, la inseguridad frente al futuro...exceptuando a la equilibrada y sólida Roberta que permanece firme y decidida mientras todos a su alrededor parecen ir a la deriva, ávidos de encontrar su rumbo, su razón de vivir en un mundo en el cual se sienten desprotegidos.

Hay tanto para reflexionar en estas páginas, tanto por asimilar y digerir en esta novela, que desembarcar después en "La isla de Arturo" es como emprender unas vacaciones idílicas, en un exótico paraje, en compañía de apenas tres personajes, en un entorno marcado por el mar y el sol. El cambio de registro es radical pero...no nos llevemos a engaño, pues la aparentemente tranquila y soleada isla de Prócida no será el destino más apacible para el lector, sino el escenario en el que tendrá lugar una historia de pasiones, amor, odio, incomunicación y secretos entre un muchacho adolescente y su enigmático padre, a raíz de la llegada de una joven madrastra.
Si en algo es pródiga Morante es en las descripciones de los ambientes que en esta novela son fundamentalmente dos: el caserón donde viven los protagonistas, tan imponente como ruinoso, y la isla en todo su esplendor mediterráneo, siempre soleada y con la constante presencia del mar. Pero además del detallismo descriptivo que roza la poesía en muchos momentos a la hora de hablarnos del entorno, también Morante afina con precisión cuando nos habla de sentimientos, emociones, silencios y arrebatos, miradas y gestos, haciéndonos tan reales a los personajes que parece que estemos conviviendo con ellos, bajo el mismo techo, paseando por las mismas habitaciones, cenando en su modesta cocina y durmiendo junto a ellos para compartir sus miedos. Arturo, Wilhelm y Nunziata nos atrapan en su vida de tal manera que, acabada la novela, permanecerán para siempre en nuestra memoria...igual que lo harán Giuseppe, Lucrezia, Roberta, Alberico...los personajes que habitan "La ciudad y la casa" de Ginzburg. Y esa pervivencia y ese recuerdo solo son posibles cuando hemos leído buena literatura. De la mejor.



Fotografía de Boulevard literario





miércoles, 21 de junio de 2017

Querida niña, Edith Olivier

"Siempre le resultó difícil dar forma a sus pensamientos, que por lo general se deslizaban indefinidos por el fondo de su mente, sin esperar nunca que los vistieran con palabras. En ese momento, sentada en medio del difuso discurrir de sus meditaciones, Agatha se fue dando cuenta de que ya en otra ocasión había tenido aquella misma sensación de soledad. Su vida, en la que parecía no haber habido nunca nada, ya había estado, sin embargo, vacía como hoy, y vacía de compañía. En silencio buscó en el pasado.
Entonces, un nombre atravesó su conciencia, como algo que de repente cobrara vida: ¡Clarissa!
Sí, era Clarissa, olvidada durante muchos años, y que ahora volvía a su mente no como el recuerdo de una posesión, sino de una pérdida.
Había ocurrido mucho tiempo atrás, y no había sido más que una fantasía infantil"


En la contraportada de "Querida niña" de Edith Olivier, publicada por Editorial Periférica, se define a esta obra como "una novela de 1927 en parte cuento de hadas oscuro y en parte novela psicológica." Y ciertamente, no es ni más ni menos, esto.

"Querida niña" se desarrolla como un cuento o fábula en la que la protagonista, Agatha, una mujer solitaria de 32 años, que acaba de perder a su madre, revive en su mente a Clarissa, su amiga imaginaria de la infancia, a fin de encontrar consuelo y compañía en su soledad, pero lo que en un principio es un juego íntimo y personal acabará convirtiéndose en realidad, y Clarissa tomará forma y cuerpo ante los ojos de todos.
A partir de esta creación imaginaria hecha realidad, empieza a narrarse una especie de fábula sobre la soledad, la necesidad de afecto y compañía, la incapacidad de comunicar y empatizar socialmente, la dificultad por expresar sentimientos, la proyección de ideales y deseos propios en otra persona, la protección llevada al celo extremo, la posesión enfermiza de aquellos a los que amamos.

Es además una fábula sobre la fidelidad, la gratitud, la dependencia, el sentido de la amistad y el amor. Una fábula entorno a los sueños y a lo ideal que de tan perfecto resulta huidizo y fácil de perder.

Una bella historia que se lee como un plácido e incluso aparentemente ingenuo cuento, pero que encierra un profundo y dramático contenido emocional, presentado con un cierto aire de misterio y un sorprendente y ambiguo desenlace.




Fotografía de Boulevard literario  


lunes, 5 de junio de 2017

Regreso a Berlin, Verna B. Carleton

"El exiliado, a su regreso, contempla la tierra que se extiende ante él con ojos agudos y críticos; y con igual claridad observa el mundo exterior y los frágiles puentes de comprensión fabricados por el hombre que siempre andan construyéndose entre ambos, sólo para quedar arrasados al menor desastre. Suspendido en el aire, contemplando ambos mundos con esa perspectiva "universal" que tanto sufrimiento le ha costado, el exiliado sabe que ha abandonado para siempre una fe reconfortante, aunque rígida, en las virtudes de su propio grupo social nativo para sustituirla por una conciencia vasta y trágica de la semejanza de todos los humanos en medio del sufrimiento y la angustia. Así pues, ¿a qué tierra pertenece este exiliado tras su regreso? A ninguna, y, sin embargo, a todas."
Regreso a Berlín, Verna B. Carleton, errata naturae y editorial periférica

"Regreso a Berlín" nos presenta a un personaje, Eric Devon, que se exilió siendo adolescente de la Alemania en guerra y se refugió en Londres donde llega a integrarse como un perfecto ciudadano británico más en la capital inglesa, renegando y ocultando su pasado y orígenes germánicos.
Pero un crucero de placer lo pondrá en contacto con una serie de viajeros entre los que se encuentra un alemán, Herr Guber, cuyos desafortunados comentarios provocarán un cataclismo en el precario equilibrio interior de Eric y propiciarán un viaje a Berlín para reencontrarse y enfrentarse a ese pasado del que ha permanecido ajeno durante tantos años.
En su vuelta a casa lo acompañarán, su paciente esposa Nora y una periodista norteamericana, amiga de la pareja gracias también al crucero, que será la narradora de la historia y que es un claro alter ego de la autora de esta novela, Verna B. Carleton, pues ella misma decidió escribirla a raíz del viaje que hizo a Alemania junto a su amiga fotógrafa Gisèle Freund que había huido del régimen nazi en los años 30.

Así pues, esta novela nos habla acerca de lo que supuso el nazismo en Alemania y por extensión, en el resto de Europa y sus terribles consecuencias, y nos hablará a través de un variado elenco de personajes relacionados con el protagonista ya sea por lazos familiares o fraternales, cada uno de los cuales cuenta su experiencia, su drama personal y los mecanismos de superación para sobrevivir a las extremas condiciones de la guerra y la posguerra.

Eric, como exiliado que se ha mantenido voluntariamente ajeno a todo lo que hacía referencia a su país de origen y a sus compatriotas, aprenderá a ver y juzgar a la Historia a través de los ojos y el testimonio de todas esas personas que supieron encontrar el camino y la manera de seguir adelante, (como explica también Viktor Frankl en ese bello e imprescindible clásico "El hombre en busca de sentido" que ha estado permanentemente en nuestra memoria mientras leíamos "Regreso a Berlín")

Al respecto, resulta interesantísimo, emotivo y tremendamente conmovedor, ir escuchando las distintas voces, los diferentes puntos de vista, sentimientos y reflexiones de cada uno de los personajes cuya suma va componiendo un múltiple caleidoscopio que va mostrando una misma realidad entendida, vivida, sufrida y superada de las más distintas maneras.

La fiel anciana Else, el inquebrantable Franz, la sufrida Käthe...y especialmente, la decidida e íntegra tía Rosie, entre muchos otros, encarnan a miles, millones de víctimas y supervivientes del terror nazi y su testimonio será recogido por Eric, el exiliado, el que ha permanecido lejos y por fin se da cuenta que para redimir su huida, consolar a su atormentada conciencia y poder seguir con coherencia e integridad la vida que le queda por vivir, solo puede hacer una cosa: recuperar y perpetuar la memoria histórica, a fin de que las futuras generaciones no olviden los errores del pasado y no se repitan jamás...

" Un tema de lo más impopular, sin duda. Pero ¿qué más puedo escribir? Nadie conoce mejor que yo la tragedia de un ser que reprime su pasado. Cuánta tragedia y devastación se le añade a eso si es una nación entera la que imagina que puede luchar por recuperar la normalidad tras un periodo de locura colectiva cometiendo ese mismo error: apartando todo pensamiento de lo acontecido e intentando olvidar, olvidar. Lo que tengo que decir lo oirán quizá oídos reticentes y cansados. Pero mi conciencia (me imagino la sonrisita desdeñosa de Albrecht), mi absurdamente "poco realista" conciencia no me dará ni un momento de paz hasta que diga lo que hay que decir. Ahora que soy alemán de nuevo, lo mínimo es hacer todo lo posible, dentro de mis escasas posibilidades, para recordarle a la gente la necesidad de entender su pasado, de asimilarlo y de usar la lección para evitar un futuro aun más horrible."




Fotografía del Boulevard literario