lunes, 20 de noviembre de 2017

Inmersión, Lidia Chukóvskaia

"Estamos en febrero de 1949. Nina Sergeievna, escritora y traductora, es uno de los privilegiados a los que la Unión de Escritores ha concedido un mes de descanso en el campo, lejos de la oscura y ominosa capital, Moscú. Oficialmente, se supone que debe descansar o trabajar en sus traducciones, pero lo que hace, en realidad, es reflexionar sobre la desaparición de su marido durante las persecuciones estalinistas de 1938, para liberarse así, al menos en parte, de su propia pesadilla. En una casa de campo finlandesa, en mitad de bellísimos paisajes nevados, Nina se sumerge en su historia mientras convive con otros traductores, autores o cineastas, más vinculados al régimen que ella."

"Inmersión" de Lidia Chukóvskaia publicada por errata editorial es un duro texto de denuncia, la de la persecución política que sufrieron en los años 40 muchos intelectuales de la época por parte del régimen estalinista, y que acabó con la supuesta desaparición de muchos de ellos, lo que en realidad fue su inmediata codena, ejecución y muerte, encubierta por el régimen ruso.
Lidia Chukóvskaia escribe para recordar y para que nadie olvide, pero lo hace con una novela que trasciende mucho más allá de la simple denuncia, finalidad que por si misma y en exclusiva sería perfectamente legítima y respetable, pero en este caso, el texto se viste y arma con un estilo tan limpio, preciso y contenidamente poético que se transforma en un bellísimo artefacto literario.

A lo largo de la lectura se van desplegando todas las dimensiones y facetas del texto: novela de denuncia política sí, pero también novela autobiográfica, pues la protagonista, la joven escritora y traductora Nina, tiene mucho en común con la autora. Desconocemos cómo sería Chukóvskaia pero Nina se nos presenta más bien huraña, no especialmente simpática, introvertida y reservada pero acabará ganando nuestros corazones por su franqueza y sus nobles principios, por una autenticidad de carácter y de ideología, una pureza de sentimientos y una sensibilidad tan especial que la convierten en un personaje entrañable, una mujer que se encierra en su mundo interior, tremendamente herida por la pérdida de su esposo, en supuesto "paradero desconocido" y que trata de recomponer sus recuerdos y los pedazos que quedan de su pasado a fin de perpetuar su memoria a través de la escritura. Y con este objetivo, se abre otra línea temática en la novela: el poder de la literatura para preservar la memoria.

Buena conocedora de la literatura de su país, Chukóvskaia enriquece la trama con numerosas referencias, fragmentos y reflexiones literarias, a menudo puestas en boca de personajes que discuten y plantean cuestiones tan interesantes como el reconocimiento o la condena al ostracismo de determinados autores rusos o el papel artístico, político o social que debe desempeñar la literatura.

La novela le sirve a su autora pues, como vehículo para hablar de política, de literatura...pero lejos de ser un ensayo, también construye una novela de sentimientos, de análisis psicológico de los personajes, pues, todos ellos, desde la superficial casera hasta los escritores que conviven con Nina en su retiro son retratados con escrupulosa intensidad, revelando todos y cada uno de ellos sus más íntimos dramas personales que arrastran y esconden tanto como les es posible pero que en determinadas situaciones salen a la luz con lo que se demuestra que nada es tan simple como a veces pueda parecernos. 

A destacar también la estructura narrativa de la obra que avanza con un tempo muy marcado, no solo porque la novela está escrita en capítulos que corresponden a las distintas jornadas que Nina pasa en la casa del bosque, lo que le confiere ya una estructura de diario, sino que además parece que al ir leyendo sentimos una cadencia suave y constante que se corresponde a la rutina diaria de la protagonista. Cada capítulo empieza con un nuevo día, con una mirada de reconocimiento desde la ventana de la habitación de huéspedes al exterior, a ese paisaje frío, nevado, esos abetos que Nina busca cada mañana tras el cristal de su ventana. Una naturaleza helada y silenciosa que atrae e invita a la joven cada nueva jornada a hacer largos paseos que la estimulan y le dan la fuerza necesaria para recluirse después en su habitación y llevar a cabo su propósito: esa "inmersión" a la que hace referencia el título de la novela y que es esa búsqueda de recuerdos del pasado con los que reconstruir su propia historia y por extensión la de miles de compatriotas suyos exterminados por la política de Stalin. 

"Un libro...Reposará en una estantería junto con otros, lo tomarán en la mano, lo hojearán, lo volverán a poner en su sitio. Le quitarán el polvo, el polvo que cubrirá el silencio de esta hora, y de este lugar, un silencio a través del cual regresaron a mi la voz de Aliosha y los llantos de la pequeña Katiusha...
Ese libro era yo, mi corazón angustiado, mis recuerdos que nadie podía ver, como no es visible, por ejemplo, una migraña o ese punto doloroso en mi ojo, pero se transformaría en papel, en páginas encuadernadas, en una novedad editorial y, si era capaz de acometer una inmersión audaz, en la nueva alma de alguien. Al crearla, esa alma estaría impregnada de la voz de Aliosha y de los llantos de Katia(...)
No, nadie consentirá que mis recuerdos se conviertan en libro. Ni se lo permitirán a la pregunta que me carcome.
¿Para qué, pues acometo esta inmersión?
Quiero encontrar a mis hermanos, si no ahora, por lo menos sí en un futuro.
Todo lo que vive necesita fraternidad, y yo también la busco. Escribo un libro para encontrar a mis hermanos, aunque sea en un porvenir desconocido."

Ese es el objetivo de Nina, de Lidia, ese es "Las farolas del puente" o "La hija", ese conmovedor relato que aparece finalmente dentro de la novela y que aun no tiene título decidido pero si un fin muy concreto. Un juego de metaliteratura, una historia dentro de una historia que también es autobiografía y que, oculta entre las páginas de un diario conseguirá perpetuar un testimonio dramático para que no se pierda en la memoria y desde luego, en nuestra memoria, "Inmersión" quedará para siempre...






miércoles, 15 de noviembre de 2017

"Jacob, Jacob" , Valérie Zenatti

Hay algo tan íntimo, tan visceral, tan sentido en la escritura de Valérie Zenatti que nos hace pensar, a medida que vamos leyendo "Jacob, Jacob", recién publicada por Armaenia Editorial, que la historia le es a su autora muy cercana. Quizá se la haya contado alguien, quizá los personajes que cobran vida en las páginas de esta obra fueron antepasados suyos, porque si no es así ¿de dónde sale ese sentimiento tan cercano de empatía, esa capacidad tan tremenda de dotar de vida plena a unos personajes supuestamente ficticios?, ¿cómo puede alguien contar una historia como la que nos cuenta Zenatti sin que corra por sus venas la sangre de todos esos hombres y mujeres que viven, luchan, padecen y mueren arrastrados por las circunstancias históricas del tiempo que les tocó vivir?

"Jacob es un muchacho judío, dulce y alegre, en la Argelia colonial francesa de los años cuarenta. Culto y sensible en un mundo de hombres duros, coléricos e ignorantes, es reclutado en junio de 1944 para liberar a Francia. Los suyos lo ignoran todo de la guerra en la que va a participar. Esa gente modesta, pobre y tosca aguarda con impaciencia el regreso de su hijo pródigo, su orgullo, un valiente y un héroe. Pero también ignoran que pronto los acontecimientos históricos se precipitarán, provocando el destierro de toda la familia."

"Jacob, Jacob" es una narración tan sentida y delicada, y a la vez, tan potente y desgarradora que solo puede brotar de una genética compartida entre la escritora y los protagonistas de la historia, combinada con un espléndido talento literario capaz de transformar la vida misma en pura literatura. 

Tenemos entre manos una historia de esas que no se olvidan, de esas que te mantienen literalmente pegado al sillón de lectura mientras te hacen viajar en el tiempo y el espacio, concretamente, en este caso, a la Argelia colonial de los años 40. El texto te hace vibrar, te hace vivir con los protagonistas sus aventuras, te hace sentir sus miedos, su dolor. Es una lectura que en algún pasaje te oprime de rabia y pena la garganta, que te empaña los ojos de tristeza, que te hace vibrar con el entusiasmo adolescente y te hace sufrir con los temores maternales. Leyendo la novela puedes oler los aromas, ver los colores, sentir las emociones de una tierra lejana y exótica por la que sentiremos la terrible ambivalencia de querer estar y querer huir de ella. Porque mientras dure la lectura, sufriremos pero a la vez disfrutaremos con intensidad de un torrente de imágenes y sensaciones que no dan tregua.

Leer teniendo el alma en vilo, el corazón atenazado en un puño mientras la historia avanza tan soberbiamente narrada que somos capaces de hacer de la lectura una representación cinematográfica en la mente. Es fácil visualizar todo lo que nos cuenta Zenatti en su novela. Es fácil visualizar y conocer a sus protagonistas, ponernos en su piel. Sufrir el dolor de una vieja madre a la que la guerra le arrebata un hijo o el de otra joven madre que pierde un bebé por enfermedad; el dolor de una muchacha que no llegará nunca a ser amada por aquel al que siempre ha amado en secreto, esperando; el miedo de la juventud enfrentada a los horrores del campo de batalla, pero también sentir el deseo, el amor, la amistad, la esperanza...

No es la primera vez, ni será posiblemente la última que leeremos sobre personajes y acontecimientos parecidos, pero Zenatti ha sabido convertir su narración en una pieza de tan pura, trabajada y exquisita literatura que ha conseguido un merecido lugar en nuestra biblioteca personal... y en nuestro corazón. 




lunes, 6 de noviembre de 2017

La canción de la llanura, Kent Haruf

En su día resultó una grata sorpresa descubrir una novela tan breve como intensa titulada "Nosotros en la noche" que el escritor norteamericano Kent Haruf, decidió escribir al enterarse por sus médicos que le quedaba poco tiempo de vida. A los 71 años y tras haber entregado las pruebas de este emotivo pero contenido canto al amor entre dos personas de avanzada edad, su autor falleció, aunque afortunadamente no nos dejó esta única novela sino también la llamada "Trilogía de la Llanura", tres obras ambientadas en Holt, un pueblo perdido entre las extensas llanuras de Colorado, del que Literatura Random House nos trae ahora el primer volumen, "La canción de la llanura" que, al igual que nos sucedió con "Nosotros en la noche" (publicada por la misma editorial), nos ha atrapado desde las primeras páginas y nos ha resultado imposible abandonar hasta llegar al final.


Nada sabíamos de Haruf  pues posiblemente sea más conocido en su país que en el nuestro, pero desde luego es un autor que está a la altura de cualquier narrador norteamericano contemporáneo, de esa estirpe de escritores que, aun localistas por el contexto de sus historias, tienen la asombrosa capacidad de trascender más allá de sus fronteras y hacer llegar al imaginario de cualquier lector de cualquier parte del mundo, ese paisaje de llanos, desiertos, carreteras de Colorado, ganaderos, maestras de escuela, pequeñas comunidades perpetuadas en sus costumbres locales, en las que se suceden acontecimientos y se desarrollan emociones comunes a cualquier ser humano esté dónde esté: conflictos familiares, primeros amores, el descubrimiento del sexo, desengaños, el paso de la niñez a la adolescencia, la soledad, la búsqueda del calor humano, la pérdida de la inocencia, el avance implacable de la vejez...en definitiva, ese variado y cambiante caleidoscopio del que se compone la vida, esa que gira y avanza de manera similar para todos.


Haruf es un escritor sencillo en su estilo narrativo, directo, claro y libre de artificios pero eso no resta fuerza a la construcción de su artefacto literario pues con aparente facilidad va surgiendo ante nuestros ojos una espléndida novela coral sostenida por un plantel de personajes cuyas vidas se van entrecruzando de tal manera que unos se irán integrando en el presente de los otros para trazar un futuro en común que se irá desvelando a lo largo de esta novela, e imaginamos, también a lo largo de las otras dos que completan la "Trilogía". Pero aunque ignoráramos la existencia de esa continuación, "La canción de la llanura" funciona a la perfección como obra independiente. Hay una presentación de los protagonistas, unos nudos narrativos y sus correspondientes desenlaces de manera que la novela es unitaria, independiente y redonda aun cuando su lectura quede abierta a una segunda parte y aun cuando nos quedemos con unas ganas inmensas de seguir en compañía de ese íntegro profesor de instituto que es Guthrie; de sus hijos, los pequeños pero espabilados Ike y Bobby; la adolescente Victoria que tras su embarazo se ve obligada a buscarse la vida fuera de casa; la decidida Maggie Jones siempre dispuesta a echar una mano a los demás...y, de manera especial, echaremos de menos a los huraños, entrañables y bondadosos hermanos McPheron que se verán obligados a abrir las puertas de su casa y sus corazones a alguien más que a su ganado.


En el fondo, todos ellos son solitarios cuyos destinos Haruf  juega a poner en contacto con una sorprendente naturalidad. La narración fluye de un hogar a otro, del instituto a la granja y al café del pueblo, de la estación del tren a las llanuras donde pace tranquilo el ganado...el pueblo de Holt es un pequeño escenario donde cada nuevo día se suceden pequeños dramas y tragedias cuya crónica es recogida en las páginas de "La canción de la llanura" bajo la que vibra un sentimiento y una intención muy clara por parte de su autor: evidenciar que en el fondo, todos buscamos compañía, afecto, comprensión, cariño y amor. Todos necesitamos amar y ser amados porque es lo que da sentido a la vida y nos hace plenamente humanos. Y Humanidad, en mayúsculas, es la principal característica de esta novela y nos atreveríamos a aventurar, que la principal característica de su autor porque alguien capaz de escribir con esta tremenda, simple, llana y contundente humanidad ha de ser no solo un gran escritor, sino una excelente persona. 

Esperando ya la próxima novela. ¡No tardéis Literatura Random House




Fotografía de Boulevard literario 





miércoles, 1 de noviembre de 2017

Los portadores de sueños, Gioconda Belli

"En todas las profecías
está escrita la destrucción del mundo.

Todas las profecías cuentan
que el hombre creará su propia destrucción.

Pero los siglos y la vida
que siempre se renueva
engendraron también una generación
de amadores y soñadores,
hombres y mujeres que no soñaron
con la destrucción del mundo,
sino con la construcción del mundo
de las mariposas y los ruiseñores.

Desde pequeños venían marcados por el amor.
Detrás de su apariencia cotidiana
Guardaban la ternura y el sol de medianoche.
Las madres los encontraban llorando
por un pájaro muerto
y más tarde también los encontraron a muchos
muertos como pájaros.
Estos seres cohabitaron con mujeres traslúcidas
y las dejaron preñadas de miel y de hijos verdecidos
por un invierno de caricias.
Así fue como proliferaron en el mundo los portadores sueños,
atacados ferozmente por los portadores de profecías
habladoras
de catástrofes.
los llamaron ilusos, románticos, pensadores de
utopías
dijeron que sus palabras eran viejas
y, en efecto, lo eran porque la memoria del paraíso
es antigua
el corazón del hombre.
Los acumuladores de riquezas les temían
lanzaban sus ejércitos contra ellos,
pero los portadores de sueños todas las noches
hacían el amor
y seguía brotando su semilla del vientre de ellas
que no sólo portaban sueños sino que los
multiplicaban
y los hacían correr y hablar.
De esta forma el mundo engendró de nuevo su vida
como también había engendrado
a los que inventaron la manera
de apagar el sol.
Los portadores de sueños sobrevivieron a los
climas gélidos
pero en los climas cálidos casi parecían brotar por
generación espontánea.
Quizá las palmeras, los cielos azules, las lluvias
torrenciales
Tuvieron algo que ver con esto,
La verdad es que como laboriosas hormiguitas
estos especímenes no dejaban de soñar y de construir
hermosos mundos,
mundos de hermanos, de hombres y mujeres que se
llamaban compañeros,
que se enseñaban unos a otros a leer, se consolaban
en las muertes,
se curaban y cuidaban entre ellos, se querían, se
ayudaban en el
arte de querer y en la defensa de la felicidad.

Eran felices en su mundo de azúcar y de viento
de todas partes venían a impregnarse de su aliento
de sus claras miradas
hacia todas partes salían los que habían conocido
portando sueños
soñando con profecías nuevas
que hablaban de tiempos de mariposas y ruiseñores
y de que el mundo no tendría que terminar en la
hecatombe.
Por el contrario, los científicos diseñarían
puentes, jardines, juguetes sorprendentes
para hacer más gozosa la felicidad del hombre.

Son peligrosos - imprimían las grandes
rotativas
Son peligrosos - decían los presidentes
en sus discursos
Son peligrosos - murmuraban los artífices de la guerra.

Hay que destruirlos - imprimían las grandes
rotativas
Hay que destruirlos - decían los presidentes en sus
discursos
Hay que destruirlos - murmuraban los artífices de la guerra.

Los portadores de sueños conocían su poder
por eso no se extrañaban
también sabían que la vida los había engendrado
para protegerse de la muerte que anuncian las
profecías
y por eso defendían su vida aun con la muerte.
Por eso cultivaban jardines de sueños
y los exportaban con grandes lazos de colores.
Los profetas de la oscuridad se pasaban noches
y días enteros
vigilando los pasajes y los caminos
buscando estos peligrosos cargamentos
que nunca lograban atrapar
porque el que no tiene ojos para soñar
no ve los sueños ni de día, ni de noche.
Y en el mundo se ha desatado un gran tráfico de
sueños
que no pueden detener los traficantes de la muerte;
por doquier hay paquetes con grandes lazos
que sólo esta nueva raza de hombres puede ver
la semilla de estos sueños no se puede detectar
porque va envuelta en rojos corazones
en amplios vestidos de maternidad
donde piesecitos soñadores alborotan los vientres
que los albergan.

Dicen que la tierra después de parirlos
desencadenó un cielo de arcoiris
y sopló de fecundidad las raíces de los árboles.
Nosotros sólo sabemos que los hemos visto
sabemos que la vida los engendró
para protegerse de la muerte que anuncian las
profecías. "


Los portadores de sueños, Gioconda Belli




Fotografía de Boulevard literario 


martes, 24 de octubre de 2017

"El zar del amor y el tecno", Anthony Marra

Hay libros que le llegan a uno sin buscarlos, libros de cuyo autor nunca antes habíamos oído hablar , libros con títulos cuanto menos desconcertantes y con portadas que aun despistan más. ¿Nos lanzamos a leer un libro con estas características?, ¿valdrá la pena cuando tenemos tantos otros títulos pendientes que nos inspiran más confianza o de los que tenemos más referencias?
Pero vamos mirando con atención este volumen que tenemos entre manos. Lo publica Armaenia editorial, una pequeña editorial de la que llevamos ya un par de títulos leídos que han sido muy buenos descubrimientos. Esto ya es un punto a favor de este libro que ahora nos planteamos leer. Su título, "El zar del amor y el tecno" despista. La imagen de portada, una cinta de casete en estridentes tonos azules, aun nos desconcierta más, así que vamos a ver lo que nos cuentan en la contraportada: 

"Este impactante y exquisito tour de force, a medio camino entre novela coral y colección de relatos, se extiende a través de un siglo, un continente y un reparto de personajes extraordinarios cuyas vidas se entrecruzan de manera en ocasiones cómica y desgarradora.
Un censor soviético de los años treinta corrige meticulosamente fotografías oficiales en los búnkeres de Leningrado, perseguido por la imagen de una prima ballerina caída en desgracia. Un coro de mujeres cuenta sus historias y las de sus abuelas, antiguas prisioneras de un gulag, que fundaron su propio pueblo en Siberia. Dos hermanos comparten un amor feroz y protector en pleno derrumbamiento de la URSS; y un mercenario es hecho prisionero en un pozo de Chechenia junto con una casete de mezclas que podría contener el último mensaje de su familia."

¿Novela social?, ¿política?, ¿histórica?, ¿drama psicológico?...¿Qué nos va a contar su autor, un joven norteamericano llamado Anthony Marra, cuya carta de presentación nos informa que es ésta su segunda novela, después de "Una constelación de fenómenos vitales" (publicada también por Armaenia editorial) con la que ha conseguido numerosos premios? Finalmente, decidimos leer "El zar del amor y el tecno" y descubrimos que Marra nos cuenta lo que ya intuíamos y más, porque tras leer el primer capítulo, casi pugna por salir de la garganta un rugido de satisfacción digno de "El leopardo" que da título a este primer relato, episodio o parte de la novela. Podéis considerarlo como queráis porque tan bien funciona como cuento independiente que como capítulo que irá enlazando con los siguientes. 

La lectura de "El zar del amor y el tecno" arranca con una potente historia en la que se cuestionan ideologías políticas y creencias religiosas, en la que se pone en evidencia el hecho de que  la experiencia humana está llena de matices, de tonalidades, de decisiones y sentimientos que relativizan los grandes conceptos del Bien y del Mal, pero en cualquier caso, somos lo que elegimos ser y con nuestros actos construimos (o destruimos), nuestro futuro y el de los demás. 

Una vez iniciada la lectura, os garantizamos que resulta imposible dejar de leer. Un capítulo nos lleva a otro, a través de una trama y unos personajes que se van relacionando unos con otros hasta configurar un rompecabezas enorme en el que todo encaja con una pasmosa facilidad. Poco a poco, todo cobra sentido: el título de la obra, la imagen de la portada. Nada hay gratuito en esta espléndida novela que transcurre desde los años 30 hasta nuestros días en el marco de una Unión Soviética cuya historia va cambiando y con ella, los personajes que protagonizan la obra, aborrecibles algunos, dignos de compadecer o admirar otros, entrañables, odiosos...pero todos inolvidables gracias al estilo decidido, vigoroso e incluso, en algunos pasajes, poético, de este joven autor al que ha valido la pena conocer y del que esperamos siga proporcionándonos obras tan gratificantes como ésta. 




viernes, 13 de octubre de 2017

El club de los mentirosos, Mary Karr

Seamos sinceros, aunque Mary Karr en el Prólogo de esta obra diga que su familia no es ni mucho menos un caso único o especial , y que a raíz de la publicación de "El club de los mentirosos" en 1995, miles de personas se animaron a contarle sus propias historias, tan o más peculiares que la suya, lo que resulta innegable después de haber leído estas memorias que Periférica y errata naturae publican ahora traducidas al español,  es que la infancia y adolescencia de esta escritora norteamericana fue de todo menos fácil y aunque, ciertamente todos tenemos trapos sucios que lavar en casa, los suyos desbordarían la capacidad de cualquier lavadora convencional.

Porque si algo no es esta familia Karr, protagonista de "El club de los mentirosos" es convencional. El padre, Pete, bebe y aprovecha la menor ocasión para ausentarse del hogar y alejarse de su familia. La madre, Charlie, bebe aun más que su marido y pierde a menudo el control que sus hijas, Lecia y Mary se ven obligadas a tomar pese a su corta edad. Junto a sus padres, una abuela autoritaria, amigos del cabeza de familia, vecinos y una pandilla de compañeros de correrías transcurre la infancia de Mary Karr y su hermana, que van creciendo y madurando a marchas forzadas en este universo cerrado y determinante que les ofrece el pueblo petrolero perdido en Texas en el que viven. 

Como lectores asistimos a un despliegue de acontecimientos tan variopinto como impactante. Resulta imposible despegarse de la lectura porque la narración es simplemente arrolladora y el interés por lo que se nos cuenta ya no radica solo en las sorprendentes andanzas de esta peculiar familia, sino en la manera como se narra la historia.

Disculpad la comparación que nos sugiere la lectura de "El club de los mentirosos", pero nos parece que su autora vomita. Y no lo decimos porque el texto sea malo, ni mucho menos, lo decimos porque sale de lo más profundo de su autora, de las entrañas, un ejercicio exorcizante que sana y limpia al poder volcar en el papel todo lo que lleva dentro, un cúmulo de ácidos y desagradables recuerdos que, como un vómito, salen expulsados de manera imparable. Un auténtico ejercicio de sanación mental, de limpieza a fondo de experiencias pasadas que Karr quiere hacer públicas posiblemente para superar de manera definitiva el pasado y asumir mejor el presente. Eso sí, reavivando también los buenos recuerdos que, aunque a simple vista parezcan escasos, también los hay.

En el título de la obra se hace alusión a la mentira. En concreto, el club de los mentirosos, es el nombre con el que Mary alude al grupo formado por su padre y sus amigos con los que se reúne a menudo para beber y contar historias, las que cuenta él, normalmente, mentiras, pero unas mentiras que la pequeña Mary que asiste, de manera privilegiada a estas reuniones, escucha fascinada. Posiblemente, sin ser consciente de ello, a través de la voz de Pete, su hija estará aprendiendo a fabular, a convertir, en un futuro, la realidad en literatura. Pero la mentira no sólo campa a sus aires en este club masculino, también hay mentiras dentro de la misma familia Karr y entre sus antepasados. Hay mentiras y secretos, y verdades a medias, así que ¿quién nos asegura que lo que nos está contando la propia escritora en este libro no es también una mentira? Sabemos que Karr presentó su obra, al publicarse, como unas memorias pero lo cierto es que aunque dudáramos de la veracidad de lo que nos cuenta, el estilo es tan vehemente, tan auténtico que si lo que nos narra es verdad o no casi es lo de menos.

En palabras de la propia autora, con esta obra pretendía "conectar al lector a un enchufe y poner en marcha esa máquina psicológica y personal que le proporciona una vida con más sentimiento." Os garantizamos que lo consigue, vaya que sí.







martes, 26 de septiembre de 2017

"Apegos feroces", Vivian Gornick

Todos los seres humanos vamos desarrollando a lo largo de nuestra vida, una serie de afectos o inclinaciones hacia otras personas que contribuirán, en mayor o menor medida, en la formación del carácter, en nuestra capacidad de amar, de odiar, de expresar los más variados sentimientos y emociones que definirán nuestra identidad.

Todo ser humano, desde la infancia -y sobre todo, durante la adolescencia-, va estableciendo vínculos con los seres más allegados, con los padres, hermanos, abuelos, amigos, vecinos...y según sea cada individuo, esa vinculación será más o menos fuerte y más o menos determinante para su futuro.

"Apegos feroces" de Vivian Gornick, publicada originalmente en los años 80 y que ahora, nos llega gracias a Sexto Piso, es un texto autobiográfico con un más que notable nivel literario, perfectamente equilibrado en cuanto a forma y contenido. Una historia que gira, como indica el título, entorno a esas inclinaciones, a esos vínculos que la narradora establece a lo largo de su vida, especialmente, aunque no tan sólo, con su madre. Son vínculos o lazos "feroces" por lo intensos, arrebatadores y viscerales que son, porque en Gornick se adivina una personalidad tan apasionada y vital que esos apegos no pueden darse de otra manera. Si eso es bueno o no para su equilibrio emocional, no lo podemos saber, pero desde luego, como motor narrativo resulta tan potente que el resultado literario es excelente.

Una Gornick ya adulta pasea con su madre octogenaria por las calles de Nueva York, en unos encuentros deseados pero forzados, tensos pero emotivos, en los que ambas recuerdan acontecimientos y personas del pasado en un posible intento de encontrar un lugar cómodo en el que establecer cierta comunicación, a salvo de los constantes reproches y confrontaciones que caracterizan el diálogo entre madre e hija.

Y es que el principal "apego feroz" de Gornick es el que siente por su madre, una ama de casa que renunció a toda aspiración fuera del hogar para casarse y cuidar de sus hijos, y que al enviudar, cuando Gornick tenía 13 años, cayó en una profunda depresión que siguió arrastrando a lo largo de su vida, convirtiéndose en una mujer frustrada, anulada y resentida, un espejo en el que su hija abomina verse reflejada y que tendrá como referencia de la que huir.

Madre e hija son, aparentemente, muy distintas, dos polos opuestos, dos concepciones de lo que es o debería ser,  la condición femenina, dos visiones antagónicas de lo que representan el trabajo, el matrimonio, el amor; dos adversarias que chocan sin remedio, una y otra vez, a la más mínima ocasión y que parecen condenadas a no llegar a entenderse jamás. Pero quizá ese rechazo no sea más que el miedo a afrontar lo que cada una de ellas siente, lo que en el fondo las hace ser a cada una como es, una esencia que las conecta como madre e hija que son y aunque las circunstancias las hace distintas, también las conecta como si fueran dos caras de una misma moneda.

Pero los apegos vitales de Gornick no se resumen a los que la unen con su madre. También se proyectan en Nettie, esa vecina atractiva y fascinante que despierta la sensualidad y la sexualidad de la escritora durante la infancia; en los sucesivos hombres que irán formando parte de su vida: Stefan, Davey, Joe...y mientras ese bagaje vital transcurre en un ir y venir de afectos y desapegos, se va desarrollando un vínculo fundamental, quizá el más feroz de todos: la vocación literaria.

Paralelamente a las historias familiares que Gornick nos desvela en los encuentros con su madre, también nos cuenta ese magnífico descubrimiento que supone el amor por la literatura, las lecturas voraces en las que se inicia cuando va a la universidad y esa compulsión latente en su interior que la llevará a escribir. 

Es una verdadera lástima que Gornick haya centrado su obra en la producción de ensayos, críticas y memorias, pues estamos plenamente convencidos de que late en ella una espléndida escritora de ficción que nos hubiera proporcionado muchas alegrías en forma de novelas o cuentos. Afortunadamente, "Apegos feroces" son más que unas memorias, son literatura en estado puro, destilada para saborear sin prisas, un paseo por las calles de Nueva York donde las voces del pasado se funden con el presente y una mujer desnuda el alma, como hija y como escritora. Un testimonio lúcido y atemporal sobre la experiencia de ser mujer, antes, ahora y siempre.